Por Martín Faciano

El mitín que el Gobernador Juan Manzur pretende organizar en Tucumán para el próximo 17 de Octubre es, sin lugar a dudas, una de las apuestas más fuertes que hará el peronismo no kirchnerista en su intento de reorganizarse desde la llegada del macrismo al poder. Es que además de la presencia de los gobernadores peronistas, de los referentes más importantes de los bloques de lás cámaras del Congreso, y de los popes del sindicalismo, con la movilización que se pretende realizar para la celebración del Día de la Lealtad se busca hacer una demostración de fuerzas sin precedentes, la cual no solo pondría nervioso al macrismo sino también a los sectores que hoy se encuadran en la estructura de Unidad Ciudadana.

Para eso resulta fundamental que en el próximo 17 sea perfecta, tanto la asistencia de los mandatarios provinciales y parlamentarios nacionales que se alistaron para formar parte del Interbloque Argentina Federal, como de los jerarcas sindicales que integran las centrales obreras. Si además se garantiza la presencia de los más de 200.000 compañeros de todo el país (cifra arrojada por funcionarios de la provincia) que se intentarán movilizar, el «Peronismo Federal» se mostrará como una real alternativa política para buscar desplazar a Cambiemos de la Casa Rosada en 2019.

Pero la cocina de un acontecimiento de tal magnitud no es algo que se esté improvisando de hoy para mañana, sino que tiene un relativo marco de planificación y organización que se ha ido dando a partir de las instancias de diálogo que los distintos actores del peronismo han tenido durante los encuentros y desencuentros que mantuvieron en la era del post-poder. En ese sentido, se esperaba que la Intervención del PJ decretada por la jueza María Servini, otorgándole provisoriamente al gastronómico Luis Barrionuevo la administración del Partido Justicialista Nacional, fuera el comienzo de un proceso que finalmente se terminó generando en otros ámbitos: en el Congreso de la Nación primero, y en las reuniones en el Consejo Federal de Inversiones motorizadas por Manzur, para organizar el reclamo contra el Gobierno Nacional por la eliminación del Fondo Soja, después.

Independientemente de lo que puedan resultar  la convocatoria al acto del 17 y el proceso político electoral, en el cual el peronismo no kirchnerista intentará ordenarse, fortalecerse y construir un candidato (para condicionar o marginar al kirchnerismo primero, y para disputar los comicios después), Manzur será el gobernador que más se capitalizará políticamente en este doble juego de mantener la gobernabilidad de una provincia confrontando con un Gobierno Nacional de signo político contrario, e intentando construir una alternativa política que le posibilite al peronismo volver a ocupar la Casa Rosada.

Esto es así porque, primero, de concretarse en los términos en que se organiza el acto de la fecha peronista por excelencia, Manzur se consagrará como el responsable de la movilización masiva más grande que el peronismo realice en las afueras de Buenos Aires. Segundo, porque continuaría generando su posicionamiento a nivel nacional, ocupando y copando un vagón en el tren de los presidenciables, que por ahora no tiene un conductor definido. Y tercero porque el «Día Después de la Lealtad«, se desatará como un acto reflejo, un operativo tendiente a lograr la recuperación del del Partido Justicialista Distrito Tucumán, para destronar a la ex Senadora Beatriz Rojkés de Alperovich de la presidencia partidaria y fortalecerse ocupando el casillero del medio, para empezar a resolver cuanto antes la disputa política que el binomio gubernamental mantiene con el Senador Nacional José Alperovich.

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