Por Martín Faciano

La movilización concretada ayer en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires,  con algunas réplicas a menor escala en algunas provincias, fue en términos políticos y organizativos la manifestación más importante que se realizó en contra del Gobierno Nacional desde los inicios del macrismo. Pero la importancia de la misma no tiene que ver con su dimensión cuantitativa, sino más bien con el abanico de posibilidades que aparentemente se le abre al campo popular, al movimiento obrero y al peronismo para resistir al macrismo durante 2018 y enfrentarlo electoralmente en los próximos comicios de 2019.

La deserción del resto de los dirigentes sindicales (que en un comienzo habían confirmado su presencia) y la estrategia mediática del Gobierno Nacional (orientada a construir un solitario Hugo Moyano) le permitieron al histórico dirigente de Camioneros capitalizar casi exclusivamente la masiva protesta de hoy.

Al margen de que el triunviro Juan Carlos Schmid haya pretendido en su discurso establecer una línea de continuidad entre el acto de hoy y la Cumbre Sindical realizada en el mes de enero en el hotel del gremio gastronómico en Mar del Plata, la CGT como principal central obrera, quedó totalmente desdibujada en este nuevo escenario.

El desenlace del conflicto que el sindicalista mantiene con el Gobierno Nacional (la cuestión OCA), será determinante para el futuro del movimiento obrero argentino. Si el camionero depone su actitud confrontativa y opta por renegociar con el Gobierno Nacional, la marcha de hoy solo habrá sido un espejismo, y la CGT continuará su proceso de fragmentación. Distinta será la suerte que correrán las CTA y la CTEP, centrales que junto a las organizaciones sociales han optado por hacer de la unidad de acción una práctica concreta en vez de una proclama simbólica. Mientras tanto, el peronismo deberá forzar la emergencia de un liderazgo para construir un candidato presidencial con posibilidades reales en 2019.

A casi un año de la movilización del 6M convocada por el casi extinto triunvirato de la CGT, en un contexto distinto, los trabajadores sindicalizados se volvieron a encontrar en las calles, esta vez con algunos de sus dirigentes a la cabeza. El mentor, Hugo Moyano, fue quien tomó la iniciativa y pese a que en su discurso no haya tenido demasiados de sus carismáticos exabruptos característicos, sus disparos hacia la Casa Rosada parecieran señalar un punto de no retorno.

Aunque algunos dirigentes y analistas pretendan esbozar un relato fundacional en base al acto de ayer, haciendo analogías con el viejo MTA, la taba todavía está en el aire. Lo de ayer fue un partido que Moyano fue a jugar de visitante, con la cancha embarrada y no solo obtuvo una valiosa victoria relativa en la Avenida 9 de Julio, sino que también copó la calle haciendo desaparecer por completo esa amplia avenida del medio que el massismo se propuso representar.

 

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