La dirigencia gremial en tiempos de avanzada antisindical

Por Martín Faciano

El Gobierno Nacional ha definido al sindicalismo como su principal enemigo. Y para dar cuenta de ello, basta con detenerse a analizar todo el repertorio de descalificaciones y discursos estigmatizantes que desde el macrismo han instalado en contra los dirigentes sindicales, las “recomendaciones” para modificar los procesos electorales en las entidades gremiales sugeridas en el Boletín Oficial, y la realización del acto político organizado por el sindicalismo macrista el próximo 1° de mayo ( con la participación de Macri), entre otras cuestiones.

Esa elección del enemigo, responde por un lado a la voluntad del Gobierno Nacional de pretender  fagocitar  las estructuras gremiales, las cuales son tan capaces de poder producir/construir poder (valga la redundancia), como  de afrontar procesos de resistencia de manera sostenida, con cierta independencia económica y una relativa soberanía política. Por otro lado, esa definición del antagonista, puede también responder a una estrategia electoral orientada a capitalizar electoralmente a la clase media, la cual entiende Durán Barba, que está en contra de los dirigentes sindicales porque se horroriza cuando hay una protesta,  un paro o un corte.

Sea por lo que fuere, el Gobierno Nacional ha decidido que su principal enemigo político es, no la dirigencia sindical, sino  el modelo sindical argentino. Y ante esa definición que repercute de manera inherente en la cotidianidad de las organizaciones gremiales y en el día a día de los trabajadores, cabe preguntarse: ¿Que hace la dirigencia?

A nivel nacional, pareciera que las internas irresueltas en el seno de la estructura jerárquica de la CGT representan el principal obstáculo para la realización de ese viejo anhelo con el que la dirigencia gremial sueña: dejar de ser la columna vertebral del peronismo para pasar a ser, de una vez por todas, la cabeza del mismo. En este contexto, el nivel de pretensiones de los  dirigentes de la central obrera se torna mucho más realista, y  como toda posibilidad de resolución de contradicciones en el interior de la CGT se presenta hoy en clave de ruptura, con estirar la unificación bajo la conducción tripartita hasta Octubre, basta y sobra.

En el plano de lo provincial, además de enfocarse en la gestión de sus entidades gremiales,  la dirigencia oscila entre la alienación por un sobrerosqueado proceso de normalización de la CGT Regional Tucumán (que vienen transitando varios dirigentes) y entre la observación pasiva del acontecer nacional y la espera de directivas desde sus conducciones nacionales. En el medio de todo eso, prácticamente desapercibidas transcurren las manifestaciones de los embates que a nivel local surgen como producto de las  deliberadas acciones antisindicales  que se impulsan desde la Alianza Cambiemos.

Desde la Intervención de la FEIA a esta parte, a excepción de las últimas manifestaciones individuales realizadas tanto por parte del nuevo Secretario General de la UOCRA, David Acosta (en contra de la importación de las casas chinas), como  las expresiones de repudio vertidas por parte del titular del Sindicato de Trabajadores de la Vivienda, José “Mellizo” Ramos (ante la pretensión del Gobierno Nacional de quitarle a la provincia el manejo de los fondos de vivienda), pareciera que la dirigencia local estaría pecando de «avanzar a pie de plomo», o bien  estaría mayoritariamente dispuesta a permanecer inmóvil ante los ataques planificados que se originan desde el Gobierno Nacional. Economía de fuerzas que le llaman.

Dicho de otra manera, en este  contexto la dirigencia gremial local o  está lenta de reflejos, o se mostrado incapaz de elaborar una acción/reacción colectiva por iniciativa propia, ante algún  hecho tema en la agenda que pueda atentar contra los intereses sindicales que van más allá desde lo meramente sectorial. Como prueba de ello basta con ver la escasa capacidad de respuesta ante las sugestivas sugerencias publicadas en el Boletín Oficial, el silencio gremial ante las 1.400 suspensiones en Alpargatas o ante el reciente proyecto de ordenanza municipal que pretende multar a los gremios. Esto, si bien tiene que ver, en parte, con la lentitud de reflejos ante una situación apremiante que demanda cierta ligereza, también a la vez denota la ausencia de las prácticas solidarias necesarias que para avanzar en el verdadero camino de unidad que debe transitar el movimiento obrero.

En definitiva, aunque la cuestión por momentos pareciera que tiene que ver con las formas, en realidad se trata mas bien de una cuestión de fondo: la avanzada antisindical impulsada desde el Gobierno Nacional, no es en contra de los dirigentes sindicales, es en contra del modelo sindical argentino. Y si la dirigencia no lo entiende así, dará una clara muestra de que no estuvo a la altura de las circunstancias. Porque la ofensiva antisindical, que proviene orquestada desde el Ministerio de Trabajo de la Nación, está siendo efectiva, está  marchando sobre ruedas, y se intentará llevar adelante con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los mismos.

 

 

 

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